jueves, 24 de noviembre de 2016

Alma

     Emprendí un viaje hacia mi alma hará unos días. Todavía me encuentro en ella, perdida en un punto del infinito, y, a veces, me sorprendo acariciando los restos de alguna ruina o algún cristal que antaño fue una ventana. Y no hay cielo ni suelo ni nada material ya. Ni es un fondo negro ni uno blanco. Tampoco hay ruinas ni cristales, pero los siento, porque me llega su tacto. Y claro que me corto, claro que sangro y claro que me atraviesa alguna ráfaga de soledad. Pero ya es algo ajeno.

     Mi alma ya sólo es un vacío, pero no un vacío hueco; ya no hay cosas en ella, pero sí queda lo que antes fue. Se siguen escuchando ecos de miedo y de soledad, también algún gemido entre lágrimas y alguna nota de indiferencia. En algún tramo escuché sonrisas y amor y bajé una escalera de promesas que desapareció nada más bajar el último escalón; sentí la presencia de un cartel que se hacía llamar infancia y no tuve más remedio que entrar para salir apenada. Dormí durante un tiempo indefinido en un lugar lleno de cojines y soñé que escalaba una montaña formada por mis miedos y atravesaba un oasis en medio de un desierto con el nombre de mis lágrimas.

(Fragmento de octubre, 2016)

domingo, 20 de noviembre de 2016

No recuerdo nada.
No siento nada.

Todo se reduce a nada.

¿Por qué hasta tú me dejas, Oscuridad?

lunes, 14 de noviembre de 2016

Ya no

Ya no hay vacío.
Ya no estoy hueca.
Ya no hay sinsentidos.
Ya no existen las mañanas sin nubes.
Ya se han escapado las arañas de los rincones oscuros.
Ya se secaron las lágrimas.
Ya desaparecieron los miedos que intentaron ayudarme.
Ya no hay pétalos por el suelo.
Ya no huele a desastre.
Ya el aire no sabe a limón.
Ya no corta el calor.
Ya no como barro encharcado.
Ya los girasoles no giran hacia la luna.
Ya el cielo se queda retenido entre mis dedos.
Ya la tinta mancha mi piel.
Ya se ha borrado la sonrisa de la oscuridad.
Ya ha dejado de ser gris el arcoiris.
Ya corre color por mi sangre.
Ya hay luz debajo de la cama.
Ya el suelo no se hunde bajo mi peso.
Ya no utilizan mis sueños como combustible.
Ya mi almohada no se emborracha con mi tristeza.
Ya los libros dejan de arañarme con los puntos finales.

Ya no hay vacío,
ya es todo,
ya es nada.